Cronologías de árboles dan cuenta del período más seco de los últimos mil años

Cronologías de árboles dan cuenta del período más seco de los últimos mil años

Los antiguos cipreses de la cordillera proporcionaron al profesor Carlos LeQuesne y al equipo del Laboratorio de Dendrocronología y Cambio Global de la Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales de la UACh, una red de cronologías que abarca el último milenio.

Uno de sitios más importantes para este estudio se vio afectado por un incendio en marzo de este año, lo que hace replantearse el valor patrimonial del ciprés de cordillera y la importancia de conservarlo.

A través de los anillos de los árboles se reconstruyen las precipitaciones y los caudales de los ríos, creando una importante base de datos con la cual se puede comprobar si eventos climáticos actuales sucedieron de igual forma en el pasado.

El proyecto Fondecyt 1121106 “High resolution hydroclimate variability in the central Andes of Chile and Argentina during the last millenium: a tree ring and modelling perspective” estudió el ciprés de la cordillera (Austrocedrus chilensis) y araucaria (Araucaria araucana) en un transecto que cruza la Cordillera de Los Andes desde San Felipe hasta Chiloé continental, es decir, 1200 kilómetros de extensión. “Los árboles más antiguos, sin embargo, los encontramos en la localidad de El Asiento, en San Felipe. Aquí, las maderas son particularmente antiguas y la sensibilidad que poseen sus anillos anuales de crecimiento es excepcional. Ninguna cronología construida por nosotros tiene la calidad que encontramos en este lugar”, afirmó el profesor LeQuesne.

Pero ¿qué hace que este sitio albergue los mejores cipreses de la cordillera desde el punto de vista científico? El profesor explica que se encuentran en un enclave de la Cordillera de la Costa, en condiciones límite para su supervivencia. “Es la situación de aridez más extrema que esta especie puede tolerar para crecer y por estar en esta condición la sensibilidad de los árboles para capturar las variaciones del clima es extraordinaria y la conservación de las maderas por encontrarse en ese ambiente seco también es excepcional”.

“Imaginemos la erupción del Vesubio, que hizo que la ciudad de Pompeya quedara encapsulada en el tiempo…lo mismo sucede en cierta medida aquí, donde las características del terreno hicieron que se conservaran estos árboles monumentales en este sitio y no en otro lugar”, agregó.

El investigador lo define como un ecosistema único. “Los cipreses habitan junto a otras especies endémicas”. Las maderas muertas conservadas en colecciones en la UACh, ordenadas, trabajadas y preparadas “son como una gran biblioteca donde está escrita la historia pasada del régimen hídrico que afectó a la zona”.

Patrimonio

Un tema aparte es el caso del sector de El Asiento. En este lugar se han registrado los últimos 5 años más secos de todo el registro instrumental que abarca los últimos 150 años. Esto, sumado a las altas temperaturas, contribuyó a la propagación del incendio ocurrido en marzo de 2016 que quemó 750 hectáreas de esta área protegida de bosque esclerófilo. Entre 40 y 50 individuos adultos (longevos) de ciprés de la cordillera fueron afectados por el fuego.

A raíz de este proyecto el vínculo del equipo de la UACh con la comunidad de El Asiento se fortaleció, y este incendio catastrófico preocupó mucho a los investigadores. “El fuego no es nuevo ahí, pero las condiciones de sequía y altas temperaturas sí lo son, entonces no sabemos bien cómo van a responder los árboles, cuál es su capacidad de resiliencia para soportar esa condición tan extrema”, explicó el profesor.

El incendio de una porción de los cipreses estudiados por el profesor Le Quesne lo acercó “a la vida real, salir del laboratorio sin perder de vista los temas sociales y ambientales”.

Para Carlos Farías, comunero de San Felipe, Putaendo, han sido años de sequía difíciles de sobrellevar. “Nos ha afectado mucho. No se puede regar porque no hay agua, nos dan entre 20 y 18 minutos de agua para regar los predios. Es muy poco”. Sumado a la sequía, ahora debe enfrentar la pérdida de una de sus fuentes de trabajo. “Los fines de semana hacía viajes turísticos a los cipreses, lo que ahora será imposible de hacer”.

Farías recuerda que a fines de los años 60 igualmente experimentaron una fuerte sequía. “Yo era pequeño, pero mi papá contaba que no había agua ni para tomar. La vegetación era más abundante, los árboles estaban más grandes. Eso sí, habían otras condiciones, ya que antiguamente la gente hacía carbón, cortaba los árboles, ahora esto no existe”.

Por otro lado, según su padre, Pedro Farías, quien en los años 70 guió a un grupo de dendrocronólogos de la Universidad de Arizona hacia este mismo sector, la labor del prof. LeQuesne es una de las mejores iniciativas realizadas en el lugar “porque nos informa lo que hace y sobre el futuro que podrán tener estos arbolitos que se quedaron”.

Investigación y puesta en valor

A fines del mes de abril, el equipo de la UACh fue hasta El Asiento a presentar los resultados de su investigación a la comunidad, ocasión en la que también estuvieron presentes algunas autoridades de la región. “Expusimos el trabajo con un enfoque hacia la comunidad para que se entendiera el valor patrimonial que tiene el lugar, valor que no solo está en los arboles vivos, sino también en las maderas muertas. Gracias a la técnica de la dendrocronología podemos usar ese material antiguo, fechar y trabajarlo al mismo nivel como si fueran arboles vivos”.

“Valoramos mucho el transferir este conocimiento a la comunidad de El Asiento. Nos damos cuenta que nuestro trabajo también le sirve a la comunidad para reforzar su convicción de que esta área tiene efectivamente una vocación para ser protegida. Con estos antecedentes proporcionados por el estudio ellos pueden demostrar a las autoridades el valor que tiene el área para su conservación y justificar que se les proporcione ayuda para recuperarla”, manifestó.

Principales resultados

Según el académico el resultado más importante de este estudio “es haber desarrollado una red de cronologías que abarca el ultimo milenio con una resolución anual en un área geográfica en que es urgente entender cuál ha sido el comportamiento de las sequías en el largo plazo”.

“Gracias a este proyectos estrechamos nuestros vínculos con la Dirección Meteorológica de Chile (DMC). El plan es asociarse a la DMC para que ellos puedan contar con esta información y comprobar de forma efectiva que se están produciendo cambios importantes en el clima y que éstos no solamente se pueden verificar con los datos instrumentales que ellos colectan sino también con los datos de los anillos, que nos informan sobre lo mismo pero en una escala de tiempo mucho más larga”.

Desde otra perspectiva-expresó-se hizo un buen papel participando con el Programa Abramos Nuestros Laboratorios a la Investigación Científica Escolar de EXPLORA, donde personas fuera de la comunidad universitaria pudieron conocer lo que significa la dendrocronología, valorar nuestras especies y saber que en Chile también se puede hacer investigación de alto nivel útil para la sociedad.