Esta investigación de la UACh demuestra experimentalmente que la vía de ingreso de Corinectria constricta es determinante para que su interacción con Pinus radiata permanezca asintomática o derive en enfermedad, con implicancias para su detección y manejo sanitario.
El estudio del hongo Corinectria constricta ha sido una línea de investigación del Laboratorio de Salud de Bosques de la Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales de la UACh desde el año 2011. A este trabajo se suma ahora una nueva publicación que entrega evidencia experimental sobre los factores que determinan si el hongo permanece de forma asintomática en el hospedero o provoca enfermedad.

El artículo fue publicado en European Journal of Plant Pathology y entrega la primera evidencia experimental directa, para este patosistema, de que la vía de ingreso al hospedante es el principal factor que determina el resultado de la interacción. Cuando Corinectria constricta ingresó a través de heridas, produjo cancro; en cambio, la inoculación sobre tejido no herido permitió una colonización interna asintomática. El estrés mecánico, por sí solo, no determinó el desarrollo de la fase patogénica.
Para Cristian González, Investigador Asociado en el Swiss Needle Cast Cooperative, College of Forestry de Oregon State University, en Corvallis, Oregon, Estados Unidos, y Alumni UACh, “este hallazgo permite comprender con mayor precisión la dualidad ecológica de Corinectria constricta. El hongo puede mantenerse asintomático en el tejido o expresar un comportamiento patogénico, y nuestros resultados muestran que la vía de ingreso es el principal factor que delimita esos dos resultados. Esto tiene implicancias concretas para la vigilancia y el manejo sanitario de las plantaciones de Pinus radiata”.
El artículo tiene como primera autora a Tania Vásquez-Horna, quien desarrolló una parte central del trabajo experimental en el marco de su tesis de Magíster en Ciencias, mención Microbiología, de la UACh. Su tesis fue patrocinada por el Dr. Cristian Montalva, académico de la Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales de la UACh, y copatrocinada por el Dr. Cristian González. La investigación se desarrolló en el Laboratorio de Salud de Bosques y formó parte del proyecto FONDECYT Postdoctorado 2022 Nº 3220723, dirigido por el Dr. González y patrocinado por el Dr. Montalva.
“Una de las preguntas centrales era si Corinectria constricta podía colonizar Pinus radiata sin causar síntomas y qué factor determinaba que esa interacción se expresara como enfermedad. Esa posibilidad había sido planteada previamente, pero faltaba evidencia experimental directa. Por eso se diseñó un ensayo controlado que permitió separar el efecto de la vía de ingreso del efecto del estrés mecánico del hospedante”, explicó González.
Para evaluar experimentalmente estos factores se trabajó con 72 plántulas clonales de Pinus radiata de dos años, inoculadas con ascosporas de Corinectria constricta mediante dos vías: una invasiva, a través de una herida artificial que expuso floema y cambium, y otra no invasiva, sobre tejido intacto para simular el ingreso por aberturas naturales. Un mes después se aplicaron tres niveles de estrés mecánico mediante anillamiento (sin anillamiento, parcial y total), y las plantas fueron evaluadas a los tres y seis meses mediante sintomatología, aislamiento en cultivo y PCR convencional.

Los resultados mostraron un patrón claro. En las plantas inoculadas a través de heridas, el 94,4% fue positivo por PCR y todos esos individuos desarrollaron cancros necróticos, con una asociación fuerte entre detección y severidad de síntomas. En la vía no invasiva, el 77,8% fue positivo con el marcador de β-tubulina y permaneció asintomático durante los seis meses de evaluación. El anillamiento no indujo patogenicidad en los tejidos inoculados sin herida; sin embargo, en las plantas infectadas por la vía invasiva aumentó significativamente la longitud de los cancros. En conjunto, los resultados muestran que la vía de entrada es el principal factor que determina si la interacción se mantiene asintomática o deriva en enfermedad, mientras que el estrés mecánico puede agravar el daño una vez establecida la infección a través de una herida.
Responsable del “revirado” del pino
Corinectria constricta es un hongo ascomiceto perteneciente a la familia Nectriaceae (orden Hypocreales), un linaje taxonómico que agrupa tanto especies fitopatógenas como sapróbicas y endófitas, con roles ecológicos muy diversos según el hospedante y el contexto ambiental.
En el caso particular de esta especie, ha sido caracterizada como el agente causal del denominado “cancro del pino” o “revirado del pino” en Pinus radiata, produciendo necrosis del floema y del cambium vascular que se traduce en deformaciones y cancros a lo largo del fuste. Estas lesiones comprometen la calidad de la madera y pueden generar pérdidas económicas para el sector forestal, lo que ha convertido a esta enfermedad en una de las de mayor relevancia económica para la industria forestal desde su primera detección en 2008, con presencia confirmada actualmente en las regiones de Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos.
Cómo impactan estos resultados
Para los investigadores, este estudio entrega antecedentes con aplicación directa para el manejo preventivo. “Los resultados confirman que las heridas son un factor crítico para el desarrollo de la fase patogénica. Esto refuerza la necesidad de manejar cuidadosamente prácticas como la poda y el raleo para reducir el riesgo de infección, especialmente en períodos de alta disponibilidad de inóculo, y de priorizar intervenciones que minimicen las heridas”, afirmó el Dr. González.
Además, la PCR convencional mostró mayor sensibilidad que el aislamiento en cultivo y permitió detectar Corinectria constricta tanto en tejidos sintomáticos como asintomáticos. Esto respalda el uso de herramientas moleculares para fortalecer la vigilancia temprana y el monitoreo del patógeno en viveros y plantaciones.
El Dr. Cristian Montalva destaca y agradece especialmente el trabajo de Cristian González, cuyo FONDECYT Postdoctorado permitió impulsar esta línea, y de Tania Vásquez-Horna, quien realizó una parte fundamental de los experimentos en su tesis de Magíster. “El principal aporte es haber demostrado experimentalmente que detectar el hongo no significa necesariamente que habrá enfermedad: la vía de ingreso al tejido es determinante. Esto entrega una base más sólida para orientar la prevención de heridas y fortalecer la detección temprana en viveros y plantaciones”.
Más allá de este patosistema, los resultados muestran la importancia de considerar las fases de colonización asintomática en sanidad forestal. Una planta sin síntomas no necesariamente está libre del patógeno, por lo que combinar manejo preventivo con herramientas moleculares de detección puede fortalecer la vigilancia y apoyar decisiones sanitarias mejor fundamentadas.